13 mayo 2017

Sangre caribeña.

El jueves por la tarde me bajé a la costa. Le había pedido el viernes libre a la jefa, ya que necesitaba desconectar. Además, aprovechando que ya se acerca el verano tenía ganas de bañarme y descansar un poco en el Mediterráneo. Le había pedido a un amigo que me dejara pasar un par de días en su piso de la playa y accedió con gusto.

Hay que reconocer que una buena amistad es cuando se te da aquello que ni siquiera has mencionado que necesitas. Por eso mi amigo le pasó mi número de teléfono a una chica que él conoce de allí sin que le mencionara nada. Gracias a las nuevas tecnologías pude chatear y conocernos. Así que cuando llegué el jueves por la noche ya estaba cenando con ella.

Es una chica caribeña, muy simpática, sonriente y activa, tres cosas que a mi me encantan. Además, tiene una picardía que me mostró ayer viernes cuando estaba bañándose en la piscina de la urbanización.


Estaba realmente hermosa con ese bikini azul marino y esa piel morena que me llamaba tanto que no podía dejar de mirarla ni un solo minuto. Se bañaba con tanto descaro que no podía dejar de contemplar su belleza exótica y la sensualidad de su cuerpo.

Aunque estábamos solos en aquella piscina, yo no tenía muchas ganas de bañarme; así que pude contemplarla un buen rato, con ese sexy bikini azul marino, mientras me calentaba más y más, y no porque estuviese tomando el sol, sino porque ella desprendía un moreno erotismo difícil de evitar. Ella es una auténtica delicia de seducción latina con sangre africana.


Yo insistía en no meterme en la piscina, no porque me gustara mirarla como se bañaba, que me encantaba, sino porque realmente no me apetecía. Pero como todas las mujeres de sangre latina, son impredecibles. Cuando logró convencerme de que entrara en la piscina, comenzó a mostrarme la sensualidad de su cuerpo aproximándose a mi y moviéndose como sirena en el agua, pero de improviso salió y me dijo que tenía que subir rápidamente al piso.


Así que allí me quedé yo, solo en mitad de aquella piscina enorme. Contemplando como se marchaba ella, dejándome con un calentón tremendo. Y es que, no me suele gustar mucho ir a la playa o a la piscina precisamente por eso, porque cuando la tengo tiesa casi parto los bañadores (que son muy pequeños y ajustados, todo hay que decirlo... cosas de la moda). 

De esa forma me quedé en la piscina acariciándome el paquete, e intentando ponerme de alguna postura disimulada, por si acaso había algún vecino curioso mirando desde el balcón. Pero tras recuperarme, me di cuenta que aquel no era mi lugar... sino que estaba con ella.


Me sequé un poco, recogí las cuatro cosas que me había bajado y decidí subirme al piso. Me di cuenta que ella llevaba las llaves, así que subí en el ascensor convencido de que iba a tener que tocar el timbre y además me esperaba una reprimenda, porque las latinas pueden pasar de un extremo a otro en un instante.

Pero mi sorpresa fue enorme cuando se abrieron las puertas del ascensor y me di cuenta de que la puerta del piso de mi amigo estaba entreabierta. Entré y me llevé una grata sorpresa al verla sobre el sofá, acariciándose dulcemente su sexo, que estaba más húmedo que su bikini.


No le dije ni una palabra. Dejé que siguiera tocándose el sexo, mientras se quitaba parte del bikini para mostrarme lo que yo no podía dejar de mirar. Y es que cuando se ve un sexo tan abierto y húmedo, es difícil, por no decir imposible, sentir un magnetismo inmediato que te pide que lo hagas tuyo al instante.


Entonces ella me preguntó que escondía "ahí". En un primer momento no entendí bien lo que me estaba diciendo. Pero enseguida me di cuenta que tenía la polla tan dura que el bañador estaba completamente tirante, lo que unido a que aún seguía mojado, dejaba claramente visible la silueta de mi tranca.


Ella se levantó y moviéndose sensualmente se fue acercando a mi lentamente. Yo pude observar esos tremendos pechos brunos, con unos pezones tan duros que podían haber cortado hielo. Eran perfectos, tan bonitos y tan duros que ojalá pudiera verlos a cada instante, porque desde que la vi así, al cruzar la puerta de este piso, no los he olvidado ni un minuto.

- Nena, me encantan tus tetas.


- Lo sé cariño... y a mi me gusta eso que tiene "ahí" escondido...

Entonces comencé a ser pícaro yo. Porque la sangre caribeña es muy sexual, pero la mía también lo es... y mucho. Así que me bajé un poco el bañador, dejé salir aquella tremenda polla dura de mis pantalones, que estaba tan tiesa que podía golpear cualquier objeto de esta casa que no es mía, escupí y me la froté sensualmente con la mano mientras ella me miraba fijamente la verga al mismo tiempo que se mordía el labio de gusto.


Por un momento se quedó sin aliento. Pero pronto recobró la compostura, me miro con los ojos encendidos en sexo, y sonriéndome se lanzó por lo que más deseaba en el mundo en aquel momento. Sin pensárselo dos veces, ella agarró fuerte mi polla con sus manos, y tirando de mi, se la llevó a la boca. 


Casi sin respirar comenzó a lamerme la polla con tanta fuerza, aspirando, chupando y lamiendo, que pensaba que me iba a correr en su cara en dos minutos. Y es que esos labios gruesos y cálidos, junto con esa profunda boca y las tremendas ganas de chupar una buena verga que tenía, me producían un placer infinito...


Su negra piel contrastaba con mi blancor, puesto que yo soy todo lo contrario. No obstante, el color rosado de mi larga verga, repleta de sangre, desaparecía una y otra vez en el interior de su amplia boca. Ella me miraba fijamente, porque una cosa si es segura, las latinas saben que hacer cuando chupan una polla, y además lo hacen poniendo todo su empeño en ello.


- Me encanta tu verga... -dijo ella con voz sensual-.
- Uffff... ya veo... -dije yo con la voz entrecortada a causa del placer supremo que me estaba provocando con su intensa comida de polla-.
- Allá en mi tierra, a los muy hombres como tu se les hase esto todos los días...


¿Qué podía yo responder a eso? Únicamente me puedo decir que me dan ganas de irme a vivir a Colombia, República Dominicana, Venezuela o dondequiera que existan mujeres así. Porque si es cierto lo que dicen (porque lo que hacen bien, ya lo sé, tal como estaba comprobando con esta mulata caribeña), aquello tiene que ser realmente el paraíso. Es para comprarme un billete solo de ida y no volver nunca.


Ella seguía comiéndome, lamiéndome y jugando con mi polla mientras yo vivía el placer divino en la tierra. Ya no me importaba si había cerrado la puerta de aquel piso o no (que si lo había hecho), y tan solo podía cerrar los ojos y disfrutar del viaje al caribe gratuito que estaba teniendo.


Podía haber estado toda la tarde así. Y puede que esta noche de sábado, que tengo que volver a verla, y mañana domingo por la mañana, antes de volverme a la ciudad para volver a currar el lunes, le deje que disfrute con mi verga sin tiempo límite, pero ayer estaba deseoso de penetrarla con intensidad, a ver si es cierto que las latinas son las mejores amantes del mundo.

Le saqué mi polla de la boca (por mucho que me costara) y la tumbé sobre el sofá. Ella comenzó a reír sin saber qué estaba tramando. Pero la puse de espaldas a mi y comencé a morderle ese culo duro de ébano, tan sensual que lo acariciaba con deleite mientras lo mordía poco a poco...


Con infinitas ganas de follármela, me puse tras ella y sin rechistar dejó que le metiera la tranca hasta el fondo. Aunque le costó asimilar en su cuerpo mi erección, ni se inmutó ni dijo nada, supongo que porque ella estaba todavía más deseosa de que me la follara que yo... y es que una caliente sangre latina, es mucha sangre...


Empecé a penetrarla mientras su duro culo permanecía impasible, en su sitio, a mis embestidas. Pero progresivamente fui subiendo de intensidad hasta que ella ya no pudo comenzar a gemir de una forma muy guarra... Está claro que las latinas saben como poner muy cachondas, aunque sea solamente con gemidos ante las intensas embestidas de un hombre.


La cogí del cuello y le di bien fuerte. Pero no todo lo fuerte que puedo llegar a dar, porque sabía que ella me iba a querer llevar al límite... y conmigo no se juega, porque siempre guardo más de un as en la manga a la hora de follar.

- Mmmmmmmm... ¡me encanta!


Ella estaba totalmente encantada de que me la follara en esta postura. Parecía que la iba volviendo loca por momentos. Aunque supongo que, si fuese por mi, probablemente seguiría sentado en el sofá mientras ella disfrutaba de mi tranca. Pero en el sexo hay que saber dar tanto como recibir... pues de eso mismo se trata, en el sentido literal.


- ¿Le gusta mi culo?
- ¡Mucho! ¡Tal vez demasiado!
- Mmmmmmmmm... ¡Píntala como quiera!
- ¿Eso que quiere decir?
- ¡Que me siga follando así!


Empezaba a animarse la tarde y era ella la que no me dejaba respirar ni un segundo. Se movía con esas caderas tambaleantes a mi verga, cuyo movimiento me daba tanto placer que me dejaba KO... y con mucho motivo, pues no hacía otra cosa que mirar su espalda moviéndose arriba y abajo, follándose a mi verga como Dios manda.


Reconozco que tenía un culo impresionante. Era perfecto, en dureza, en textura y con esa piel negra que le daba el toque final que lo hacía irresistible. Además, allí estaba mi polla dura, percutiendo con intensidad para que no se olvidara que yo también puedo acercarme a ese ideal de hombre impresionante que muchas buscan.


- ¡Mmmmmmm... qué rico! ¡Vamos papito, no pare!

A mi esa expresión de "papito" me da un poco de risa. Pero soy un hombre abierto al mundo y se que el sentido de esa palabra es muy bonito, ya que se trata de un hombre realmente atractivo para las mujeres. Lo cual, viniendo de quien viene, y en esta situación, es todo un halago.


Sus caderas caribeñas estaban sin control, moviéndose sexualmente en todas direcciones lo cual me mataba y me resucitaba a la vez. Así que le dije al oído que se pusiera encima, porque quería ver esas caderas moviéndose sobre mi verga de la forma más sexy posible.

Ella no dudó ni un instante. Al cabo de unos segundos ella estaba sobre mi moviendo sus caderas de una forma tan sexy que hubiera reservado un billete a América en aquel mismo momento... porque esas caderas negras eran gloriosas.


El sudor sobre aquella piel negra y en continuo movimiento solo hacía que brillara todavía más. Por si fuera poco, no me daba tregua. Y yo lo prefería así. Si una cosa admiro de las mujeres, sean del caribe o de cualquier otra región del mundo, es que no se achanten con nada y consigan sus objetivos, sexuales o no, cueste lo que cueste.


- Perdóneme, pero muy chuchona...
- No sé lo que significa, pero me da igual, no tengo que perdonarte nada porque eres una auténtica diosa follando.


Saltaba sobre mi polla con una fuerza, intensidad, movimientos de su cadera y su dura piel negra del caribe, de una forma que me hipnotizaba... La verdad es que mientras escribo este relato espero que lleguen las diez para verla de nuevo y, con suerte, aunque creo que la suerte no me va a faltar, para follármela, de nuevo, así o de mil maneras diferentes más, esta misma noche.


Hay momentos, sobre todo en verano cuando estoy en pleno acto sexual con una mujer que me provoca muchísimo, que siento que mi polla va a reventar. Por primera vez en este 2017 sentía que tenía tanta sangre en la entrepierna que me iba a estallar la polla, al mismo tiempo, me sentía un poco mareado, desubicado... Es algo normal, máxime cuando tengo a una mulata de sangre caliente follándome con tanta magnitud y potencia.


Ella saltaba sobre mi de una forma que me hacía perder la noción del tiempo y del espacio. No sabía ni donde estaba ni qué hora era. La verdad es que, como he contado en el principio, necesitaba desconectar tres días del trabajo, ¿y qué mejor forma de desconectar del trabajo que con un polvazo así?

- Mmmmmmmm... -gemía ella mientras trotaba sobre mi-.


- Ahora déme...

Como los deseos de una buena folladora son órdenes para mi, la tumbé sobre el sofá y comencé a penetrarla mientras la miraba fijamente a los ojos. Quería que supiera que ya era el momento de alcanzar el clímax, y que me la iba a follar con todas las consecuencias hasta el final. Había llegado el punto de no retorno.


Ella me miraba constantemente a la polla, como si tuviera que comprobar, como yo, que aquello no se trataba de un sueño. Supongo que cuando tienes muchas ganas de follar, haga mucho tiempo que lo haces o no, uno se quiere asegurar y sacar alguna foto mental para después recordarla y deleitase. Ella quería disfrutar de mi verga y contemplar como follábamos en ese piso de la playa.


Sus pechos estaban perfectamente puestos en su sitio. Duros y redondos, se movían en cada una de mis embestidas. Ella, como buena folladora, sabía que me estaba fijando en ellos, así que comenzó a usar sus brazos para tocárselos mientras yo la penetraba. Ahora me ponía más cachondo y sentía como mis ganas de correrme crecían y crecían a cada instante...

- ¿Le gustan verdad?
- ¿Y a quién no? No he podido dejar de mirarlos desde que estabas en la piscina.


- ¡No me diga esas cosas!
- Es la verdad... igual que decirte lo buena que estás o lo caliente que eres a la hora de follar. 
- Mmmmmmmmmm... ¡Qué cosa más verraca este polvo! 

Después de esa expresión, yo me reí, mientras le daba una buena tunda a base de embestidas y pollazos intensos sobre aquel sofá, que ni me acordaba que no era mío, pero desde luego, cuando yo me pongo cachondo, pierdo un poco la noción de ciertas cosas... por suerte. Para follar, hay que tener ganas, querer sentirlo con toda su intensidad y olvidarse del resto de cosas por un rato.


Yo sentía que ya me iba a correr y deseaba hacerlo sobre esa piel negra, esa piel de ébano que me encantaba. Ella me miraba desafiante, sabiendo que el momento se acercaba y estaba a mi merced. Hay miradas que matan... otras miradas ponen cachondo y otras son la unión de ambas cosas, la suya era precisamente ésta.


Así que, cuando sentí la llamada de mis testículos para vomitar sobre aquella excepcional caribeña todo mi semen, yo no pude más que sacar (con pena) mi verga de su interior, coger mi rabo con la mano derecha y correrme sobre su piel.

- ¡Así me gusta joder!
- A mi también me gusta así... -dijo con una sonrisa en la cara-.


¡Uffff.. me pongo cachondo solo de relatar lo que pasó hace apenas unas horas! ¡Qué ganas tengo de volvérmela a follar esta noche!

02 mayo 2017

La rubia insaciable.

Siempre he creído más en los hechos que en las palabras. Del mismo modo que también creo que una palabra bien dicha vale por mil. Tras una noche excelente, ella hizo alarde de esta filosofía, se acercó a mi y me dijo con una mirada penetrante:

- Quiero que me folles.


Cuando una mujer así te dice algo tan directo, no puedes hacer otra cosa que obedecer. Así que me puse manos a la obra. La llevé todo lo rápido que puse a su casa (que era la que más cerca teníamos) y entramos por la puerta. 

Sin mediar palabra ella se dirigió hacia su habitación y sin cerrar la puerta (esa era la intención), se quitó el vestido con un sensual movimiento de sus brazos. Pude comprobar, como centímetro a centímetro, su cuerpo se iba mostrando tal y como Dios la trajo al mundo, tal y como yo quería verla en ese preciso instante.


Haciendo como si yo no estuviera allí, se miró al espejo y comenzó a tocarse, primero dulcemente y posteriormente de una forma más provocativa sus pechos. Yo me quedé hipnotizado ante semejante escena y únicamente me dediqué a disfrutar con la mirada. 

- Me encanta golpearme mis pechos...


- ¿Y eso por qué?
- No sé... Supongo que porque me los operé para tenerlos más grandes y me gusta tocarlos con mis manos.
- Pues son perfectos.
- Gracias, me gusta sentirme atractiva y que me miren por la calle...
- Yo no me he operado, pero también tengo algo grande -le dije cambiando completamente de tema mientras me sacaba la verga del pantalón, ya que me estaba empezando a apretar mucho-.


Entonces, con la polla dura entre mis piernas completamente libre, me acerqué a ella por la espalda y comencé a pasear mis manos por sus pechos. Me encanta disfrutar de un buen cuerpo, sea operado o no. Creo que la belleza está en sentirse atractivo y punto, más allá de estereotipos sociales, sea con operaciones o no. La felicidad está en el interior.... aunque en ese momento la felicidad estaba en como tocaba sus dulces pechos.


- Te tengo que confesar que soy... insaciable.
- Pues ya somos dos.
- Mmmmmmmmmm...

Entonces la tiré sobre un diván y se la clavé hasta el fondo.


Rápidamente comprobé que esta rubia ocultaba más de lo que se podía ver a simple vista. No solo me había engañado para que la invitara a un par de cócteles en el centro de Madrid, sino que además escondía muchas armas detrás de aquel misterioso rostro. Pero eso si que me quedó claro desde el comienzo, follaba de maravilla.


Le abrí las piernas de par en para para poder alojar en su interior todo mi sexo caliente. Ella estaba abierta y húmeda, dejándose llevar por la lujuria, justo como las mujeres disfrutan más. Así que la penetré con fuerza hasta que gimió de placer por sentir una verga tan dura en el interior más profundo de su cuerpo.


- Quiero que me folles bien...
- ¿Es que lo estoy haciendo mal?
- No, por supuesto que no... simplemente que a mi me gusta... más... intenso.


Ahora todo empezaba a cuadrarme. Una rubia tan decidida que se había acercado a mi en esa cafetería. Que parecía no tener ningún tipo de miedo ni de complejos y que me había catado a la legua desde el principio, sabiendo que tenía ante si a alguien capaz de follársela como estaba deseando que lo hicieran.

- ¿Así de "intenso" te parece bien?


- Si... más o menos...
- ¿Más o menos? Joder nena, si quieres que te destroce con mi polla solo tienes que pedírmelo... vas a ver de lo que soy capaz.


Tras estar un buen rato penetrándola con tanta intensidad que parecía que iba a romper aquel mueble de su habitación, ella me puso las manos en el pecho y con ese gesto me apagó. Pasé de estar follándome al 100% de intensidad a desconectarme en apenas un segundo. Se nota que sabía tratar a un hombre para que se la follara justo como ella quería.

- Ya me has demostrado lo que quería saber... Ahora me toca a mi, déjame ponerme encima.


Se puso encima y empezó a moverse como una serpiente reptando para atapar a su presa. Se deslizaba sobre mi piel como si aquel fuera su entorno natural, como si buscase un hombre al que fornicar fuerte, dulce y de mil maneras diferentes más. Eso es lo que la hacía insaciable, eso es justo lo que la hacía insuperable.


Yo recorría su espalda con mis manos, mientras ella ponía su cara frente a mi para que escuchase bien sus gemidos y viera, de primera mano, su cara de placer. Esa misma a la que estaba provocando todo una parte muy concreta de mi anatomía...

- Me gusta mucho como follas... Se nota que sabes lo que haces.
- Tu también -respondí sinceramente-.


- Además, tienes una polla perfecta. Ni te imaginas lo difícil que es no encontrar a un chico con la polla tan dura como tú.
- Es uno de mis puntos fuertes -respondí con un juego de palabras-.


- He estado con muchos chicos que la tenían grande... pero flácida. Otros con la polla pequeña... y un montón se corrían enseguida. 
- Cállate y déjame que te muestre lo dura que la tengo para ti...

La cogí de la cintura y comencé a levantarla para luego dejarla caer con todo su peso sobre mi. Podía sentir perfectamente como mi verga se clavaba en su cuerpo para después volver a salir con fuerza. Si quería una polla dura e intensidad, lo iba a tener de largo.


En ese momento se calló por completo. Únicamente me miraba con desesperación alegre mientras sus pechos se movían arriba y abajo en un movimiento perfecto. Ella gemía del placer de sentir esa verga dura entre sus piernas y yo de poder hacerlo con toda mi alma.


Desde esa posición pude fijarme en sus pechos, perfectos, duros y grandes. Por sus palabras se sobreentendía que no los tenía tan grandes, pero os puedo asegurar que con la belleza de su rostro angelical, su melena rubia, sus sensuales andares con tacones y falda, en unión con esos pechos, hacían de esta rubia una mujer explosiva. Seguro que no había ningún hombre o mujer que no se fijase en ella al verla pasar por la calle.


- Me estás sorprendiendo... joder...

- ¿Sorprendiendo?
- Es que soy un poco ninfómana... y hacía tiempo que no encontraba a nadie a mi altura.

- Ninfómana es solo un término despectivo machista para referirse a las mujeres que les encanta follar. Porque parece que si lo hace un hombre está bien visto, pero si lo hace una mujer no...


Le dije esas palabras mientras la agarraba fuerte del pelo para follármela con tanta dureza que se las tragara al instante. No porque tenga razón, sino porque qué mejor manera de enseñar las cosas que con un buen ejemplo, en este caso, una intensa follada.

Con la velocidad de un rayo propia de un arrebato inmediato, la cogí fuerte de la cintura y la llevé hasta el escritorio que había al final de la habitación. Allí me la follé mirándola directamente a los ojos.


- A ti también te gusta follar, ¿eh?
- Es lo que más me gusta hacer...
- Se te nota, cabrón.


Supongo que a causa de la mezcla de sinceridad, mezcla de la sensualidad del momento, ambos comenzamos a sentir como el orgasmo estaba cerca. Ella se tumbó sobre la mesa y se dejó llevar de placer, gritando como una auténtica energúmena en el momento del orgasmo. Luego me dijo:

- Tranquilo, que se jodan los vecinos... para una vez en tanto tiempo que me corro tan bien...


Pero yo también estaba a punto de correrme, así que tras esa escena y varios minutos más penetrándola a pesar de que le costaba recuperar la respiración, saqué mi tranca de su entrepierna y me corrí a chorros sobre su delicioso cuerpo...

- Espero que otra cosa de las que admires en un hombre sea la cantidad de semen que lanza...


- Si, me encanta la corrida... lástima que no me hayas metido la polla en la boca justo en el momento de correrte. Me gusta sentirlo dentro de mi boca...

En ese momento le acerqué la polla a la boca y ella comenzó a lamerla, creyéndose que estaba dándole un pequeño detalle ya que no había podido correrme en su boca. Pero no era eso lo que le estaba indicando...


- ¿No te das cuenta de lo que te estoy ofreciendo? Yo también soy insaciable nena...
- ¿Quieres que me la coma? ¿Ya? No me ofrezcas lo que no puedes darme.
- Es toda tuya... 


Yo soy de los que en las buenas situaciones necesita más de un polvo para saciarse. Bueno... en realidad, y por suerte, no me sacio fácilmente, pero en este caso, con una rubia tan buena y caliente que se autodenomina insaciable y ninfómana, no podía dejar pasar la oportunidad de ponerla un poquito a prueba a ver si era verdad o se trataba de palabrería para conseguir un buen polvo.


Sin mayor esfuerzo comenzó a tragarse mi polla como quien se come caramelos a puñados. Como si llevara toda la vida haciéndolo. Estaba claro que si la ponía a prueba, a una rubia tan cachonda y puta (en el buen sentido del término) como ella, llevaba todas las de perder... y la verdad es que en el sexo, cuando se trata de cosas como éstas, me encanta dejarme perder...


- Si me pongo a comerte la polla en serio, luego no me pidas que pare.
- ¿Tengo cara de ser un hombre de los que dicen que pares?
- No... es verdad... -y me guiñó un ojo antes de tragarse mi polla-.


La cogí del pelo y la ayudé poco a poco a que se la tragara, cada vez avanzando un poco más en el interior de su boca. Ella es de las que no quiere atragantarse y va probando cada vez más y más del néctar que le había ofrecido, para no atragantarse con él y disfrutarlo el mayor tiempo posible.


- Menuda sonrisa de gilipollas tienes en la cara cabrón....
- Es cara de gozo.
- Ya veo... ¡A ti lo que te gusta es que te coman la polla! ¡No disimules!


- Pues si, me encanta...
- Eso no es habitual, te lo digo yo. Lo haría más a menudo si pudiera, pero no puede ser porque a la mayoría les pone tan cachondo que en dos minutos se han corrido y se acabó la noche. Tu eres duro de pelar... nunca mejor dicho.
- Pues espera, que te lo voy a grabar para que lo disfrutes siempre que quieras.


Con la cámara del móvil grabando, la cogí de la cabeza y la ahogué un poco con la dureza de esa verga que tanto había admirado al comienzo de la noche y que aún le quedaba por disfrutar un buen rato. Ella se dejó hacer, totalmente centrada en demostrar lo insaciable que ella también era. Y es que un buen vídeo porno casero, siempre pone las sensaciones a flor de piel.


- Te lo voy a reconocer... No estoy segura de que pueda con toda tu polla. En estos casos una dura polla es lo mejor para lamer, pero no para tragar...


- Nena, todo es cuestión de práctica y voluntad. Déjame a mi que te ayude y ya verás como te entra hasta el fondo. Prepárate...


Creo que en ese momento colmé sus deseos de ninfómana y la dejé allí con la boca literalmente abierta al máximo para adentrarle mi masculinidad. Logré alcanzar el fondo de su garganta, mientras ella, la soltaba poco a poco. Se quedó tan absorta que no me dijo ni una palabra, únicamente volvió a abrir su boca para meterse mi verga, otra vez, hasta el fondo. Y así unas cuantas veces... Estaba claro que esta noche me había tocado el gordo en Madrid, una rubia auténticamente insaciable, como a mi me gusta.


Yo la grababa atentamente con el móvil y os puedo asegurar que ha quedado un vídeo estupendo. A mi no se me ve, pero mi gran verga y su boca metiéndosela una y otra vez hasta el fondo de ven de maravilla. Aunque, sin duda, lo mejor es la forma tan cachonda que tenía de masturbarme, de lamerme la polla, de chuparla, morderla y metérsela en la boca.


- Quiero que te corras en mi boca, porque me estás matando hijo de puta...

Empecé a jugar con mi polla en el interior de su boca para que sintiera todavía más deseo de tenerme, de poseerme y de disfrutar de mi corrida caliente. 


Ya había hecho con ella todo lo que había querido esa noche. Era el momento de zanjar el asunto con un gran final. Así que puse la cámara en una estantería para que grabara lo mejor posible el momento. Le pedí que abriera la boca para mi y me follé su boca.


Poco más de un minuto después, mis testículos volvían a contraerse y atacaban de nuevo. Mi verga estallaba en un chorretón de semen que caía en el interior de su boca y también en todas las partes de su rostro. No dejo de sorprenderme lo mucho que me corro cuando me follan tan bien... supongo que todo depende de la excitación conseguida ¿no?


Sea como fuere, ella logró lo que me había pedido, sentir una buena corrida en su boca, y por extensión, en toda su cara. Yo me quedé totalmente saciado... al menos esa noche. Y ambos nos demostramos el uno al otro, que ser insaciable es lo mejor que le puede pasar a uno en el sexo, únicamente hay que demostrarlo.


- Nena... ¿Te apetece un tercero?